Desde el mismísimo día en que a Mubarak comenzó a movérsele la poltrona sobre la que asentaba sus posaderas, allá por el once de Febrero del año pasado, quien aquí escribe se ha cansado de decir que lo que comenzaba a conocerse como primavera árabe, se podría convertir con el tiempo en un invierno gélido y retrógrado, que haría de la vida de los ciudadanos que por allí pululan algo más parecido al infierno de Dante que al país de las maravillas de Charles Lutwidge Dodgson. La misma transición que hemos vivido como observadores desde el exterior es prueba de ello. El dilema que hoy ronda por las cabezas de los ganadores de las enrevesadas elecciones Egipcias la sentencia; ¿Bikini o Islam?¿Alcohol o Islam?¿Islam o turismo?
Pero no sobre esto quería que tratara el post reflexivo (algunos dirán que el adjetivo elegido invita al equívoco) de hoy, sino más bien a la forma en que muchos, en su mayoría reconocidos progres que hacen de sus ideas un mantra sobre el que edificar la civilización perfecta, afrontan la realidad que se vive por aquellos países y su más que repulsiva forma de buscar excusas para unos resultados electorales, cuanto menos alarmantes, que convierten a los ciudadanos que estos meses han optado por votar en Egipto en los padres del nuevo Irán nacido en las entrañas de una supuesta primavera árabe democrática.
¿Quieren una prueba de lo que en el párrafo anterior escribo? Bien, pues léanse el reportaje que firma Juan Goytisolo hoy el El País y la tendrán ante sus narices en forma de texto. Y que conste que lo de “progre” es algo que subrayo sencillamente porque él mismo, al comienzo de su reportaje, decide incluirnos a todos en una querencia, cuanto menos discutible, que alardea de un deseo desaforado por ver nacer, de manos de señores como Ferhat Abbás, Ben Yedda o Budiaf, en aquel entonces marginados por el dictador Ben Bella, a una Argelia Democrática y Socialista, como si fuera de los gobiernos socialistas no hubiera lugar para la democracia.
Y el rizo que riza el rizo no es otro que ello. Buscar en la historia los motivos de los acontecimientos que hoy infunden temor, entre quienes como yo, creemos en la separación total entre política y religión, no es más que buscar excusas de mal pagador para encontrarle la vuelta perfecta a la realidad que todos vivimos y culpar así a la siempre siniestra y malvada derecha mundial, que como los malos de las películas no entienden de fiestas ni vacaciones a la hora de urdir nauseabundos planes de dominación planetarias, de los males que los propios votantes se provocan en según qué lugares.
Tener que leer que los Americanos vuelven a ser los malos de la película y los principales culpables de que los Islamistas vayan a mandar en Egipto, y documentarlo todo de forma que parezca una verdad absoluta, hilando tan fino los hechos que se consigue demostrar que sólo el analfabetismo es padre del Islam extremista y que éste, el analfabetismo, tiene como padre y madre a los acontecimientos que ocurrieron hace cuarenta años, es una bebida sádica que servidor es incapaz de beberse ni a buenas ni a malas.
Leer que las cosas van mal por aquellos lares, para a continuación tener que tragarme falacias como las que en ese texto se espetan en la cara de los lectores, es la certificación ya inequívoca de que la imparcialidad y el rigor son dos características periodísticas, que hoy son vistas por todos como reliquias de un periodismo que feneció hace no mucho tiempo y que difícilmente volverá a resurgir de sus cenizas, a no ser que ellos, los periodistas, hagan un ejercicio de contrición verdadero y olviden, por un segundo, que su trabajo está pagado por grandes empresas, que entrelazan sus intereses con decisiones políticas que las arrastran, a un lugar específico del cuadrilátero, en la batalla diaria que acaba representada en los noticiarios.
Si aceptáramos el dogma de que sólo el analfabetismo es padre del islamismo radical, tendríamos que preguntarnos entonces algo mucho más serio; ¿qué les enseñaron a estas mujeres entonces en la Universidad de El Cairo en 2004?
Clase de la Universidad de El Caro en 1959

Clase de la Universidad de El Cairo en 1978

Clase de la Universidad de El Cairo en 1995

Clase de la Universidad de El Cairo en 2004

¿Don de está aquí el analfabetismo señores?¿Y la libertad?