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El cinismo de quienes nos representan

En el lodazal en que se ha convertido la vida pública en estos cuatro años de crisis desbocada, encontrarse con que tras infinidad de vueltas y zigzagueos aún quedan gastos superfluos en donde rascar el dinero que nos falta y comprender que los recortes y sacrificios que estábamos haciendo nos los podríamos haber ahorrado con una decisión sencilla y cargada de razón, como lo hubiese sido acabar con los apadrinamientos públicos de empresas privadas, cuya única razón de existir era la de mantener una bandera política que supusiera un balón de oxigeno para una opción política residual como lo es el independentismo Catalán, nos debería llevar a todos a una reflexión sosegada y coherente que nos dejara dilucidar, hasta qué punto, nuestros políticos carecen de la menor visión de servicio público, que como a los militares, se le supone.

Ha caído Spanair y de golpe nos enteramos que estaba más que sustentada por dinero público Catalán. El mismo dinero público que hasta ahora se le ha negado a todos esos centros sanitarios que han cerrado en pueblos y que han retrotraído a sus ciudadanos a la España de los años 50 en la que los médicos, por escasos, estaban tan bien mirados por una sociedad que adolecía del amor paterno que ellos les transmitían.

Cae Spanair y despertamos del soporífero sueño en que algunos, con banderas esteladas y gritos anti-españoles , nos tenían secuestrados para darnos cuenta de que todo ese supuesto sacrificio que estábamos obligados a aceptar hubiera podido ser muchísimo menor si ellos, en su más que endogámica forma de ver el estrecho mundo que los rodea, hubiesen entendido que para los buenos gobernantes el pueblo, que no la tierra que pisa, siempre será lo primero y más importante.

Ahora resulta que no hay dinero para médicos, enfermeros o profesores, pero sí lo hay, y en abundancia, para mantener aerolíneas deficitarias y embajadas de pacotilla en el extranjero. Hasta aquí llega el cinismo de quienes nos dicen representar.

 

La mujer del Cesar y Camps

Como reza la cita que Plutarco atribuye a Julio Cesar, la mujer del cesar no solo debe ser honrada, sino además parecerlo. Esta frase, sencilla pero demoledoramente implacable, es en estos días de resoluciones judiciales y paseíllos de togas que se arrastran por el fango de la judicialización mediática y las penas de telediario, un espejo en el que mirarnos que el anteriormente mentado Julio Cesar nos dejó para la posteridad al resto de los seres humanos. En realidad no sólo fue ésta la frase que Cesar nos dejó para la posteridad, sino más bien tres de las cuales ésta, por implacable, debería ser la tercera.

  • Iacta Alea Est (la suerte está echada)

Esta frase la pronunció nuestro amigo Cesar cuando, atravesando con sus tropas el rio Rubicón en el año 50–49 a. C., declaró la guerra a Pompeyo y por ende, dio comienzo la segunda guerra civil del imperio Romano. Lo mismo debió pasar por la cabeza de Camps cuando el pasado 21 de Julio del año pasado procedió a dimitir como presidente de la Comunidad Valenciana para poder defenderse en un juicio de las acusaciones de cohecho impropio que se le atribuían. Francisco, como Cesar en aquellos lejanos años, no tuvo otra opción que tomar la única vía que sus enemigos le habían dejado libre para salir del atolladero en que se encontraba. Cesar contaba con todo un ejercito que lucharía por él en la batalla, Camps ha tenido que conformarse con defenderse de las acusaciones con el único apoyo de sus familiares e incondicionales.

  • Veni uidi uici (vine, vi y vencí)

En el año 47 a. C. llegó Cesar a las puertas de Roma y refiriéndose a la batalla que había tenido lugar contra el Rey del Ponto, Farneces II, que tan solo resistió cinco días los embates del ejército del Cesar, pronunció una de las frases más famosas que ningún mandatario haya dicho jamás; “Vine, vi y venci”, en referencia clara a lo sencillo que le había sido derrotar al anteriormente mentado rey. El mismo paralelismo podríamos hacer hoy con la resolución judicial que ayer se refería a la persona de Francisco Camps en la que, para alegría de muchos y desgracia de otra no menos mayoría, el ex-president ha sido absuelto de todos los cargos que se imputaban. Camps creyó en su inocencia, se lo jugó todo a una carta, la del juicio, y ganó por goleada a quienes creyeron bailar hacía semanas sobre su tumba política.

  • Caesaris uxorem non solum honesta, sed etiam videtur (La mujer del Cesar no solo debe ser honrada, sino además parecerlo)

Esta frase, la última por su importancia y el paralelismo que mantiene con la actualidad de Camps y sus vicisitudes, no sería nunca dicha por el susodicho, sino que más bien debería ser asumida por quien hoy ostenta el poder en el partido de Francisco y que no es otro que Mariano. Cesar, cuando fue preguntado por el fiscal por las causas del repudio de su esposa, siendo como era que reconocía no conocer ninguno de los actos de los que se acusaba a Clodio (acusado en aquel juicio de acostarse con Pompeya), y sumándose a ello que nada de aquello podía ser probado de ninguna de las maneras, respondió a petición del fiscal; “porque mi mujer ni siquiera puede ser objeto de sospechas”.

Mariano tiene hoy el deber de atajar de facto cualquier pretensión que pudiera nacer de entre los acólitos de Camps y que pudiera engendrar la ilusión de una vuelta al albero político de un personaje, que si bien puede que sea inocente de los cargos que se le imputan, no goza precisamente de una imagen que lo avale y justifique. Francisco Camps ha sido declarado inocente, pero sus amistades, sus formas y en definitiva su imagen lo desacreditan para la función política. La frase del cesar, por implacable y por certera a la hora de describir los momentos del ex-president, merecen estar grabados en la retina pública para los eternos.

  • Veniunt non abiit (Han llegado pero no han pasado)

Y esta última frase, un extra que nos regala el adivino que anunció la muerte del Cesar al propio Cesar, sería una advertencia personal para mi siempre President Camps. Un día un adivino advirtió al Cesar de que se cuidara las espaldas en el idus de Marzo, que hoy llamamos “quince”. Llegado ese día y encaminándose el Cesar al Senado ya como ‘Dictador Vitalicio’ se cruzó con ese mismo adivino y le dijo entre bromas que “ya habían llegado los idus de Marzo y aún no había pasado nada”, a lo que el adivino contestó que sí, “habían llegado pero aún no habían pasado”. Hay que recordar que la historia cuenta que Cesar murió esa misma noche a manos de cuchillos de allegados y parientes.

El mismo Camps aún tiene pendiente con la justicia la posible financiación ilegal del partido, los excesos de la visita del Papa y los siete millones de euros otorgados a las empresas de la trama Gürtel durante su mandato. Demasiados flecos sueltos como para dejarse llevar por una embriagadora sensación de euforia que puede juegue, desde ya, en su contra.

 
 

El arte de buscar culpables

Desde el mismísimo día en que a Mubarak comenzó a movérsele la poltrona sobre la que asentaba sus posaderas, allá por el once de Febrero del año pasado, quien aquí escribe se ha cansado de decir que lo que comenzaba a conocerse como primavera árabe, se podría convertir con el tiempo en un invierno gélido y retrógrado, que haría de la vida de los ciudadanos que por allí pululan algo más parecido al infierno de Dante que al país de las maravillas de Charles Lutwidge Dodgson. La misma transición que hemos vivido como observadores desde el exterior es prueba de ello. El dilema que hoy ronda por las cabezas de los ganadores de las enrevesadas elecciones Egipcias la sentencia; ¿Bikini o Islam?¿Alcohol o Islam?¿Islam o turismo?

Pero no sobre esto quería que tratara el post reflexivo (algunos dirán que el adjetivo elegido invita al equívoco) de hoy, sino más bien a la forma en que muchos, en su mayoría reconocidos progres que hacen de sus ideas un mantra sobre el que edificar la civilización perfecta, afrontan la realidad que se vive por aquellos países y su más que repulsiva forma de buscar excusas para unos resultados electorales, cuanto menos alarmantes, que convierten a los ciudadanos que estos meses han optado por votar en Egipto en los padres del nuevo Irán nacido en las entrañas de una supuesta primavera árabe democrática.

¿Quieren una prueba de lo que en el párrafo anterior escribo? Bien, pues léanse el reportaje que firma Juan Goytisolo hoy el El País y la tendrán ante sus narices en forma de texto. Y que conste que lo de “progre” es algo que subrayo sencillamente porque él mismo, al comienzo de su reportaje, decide incluirnos a todos en una querencia, cuanto menos discutible, que alardea de un deseo desaforado por ver nacer, de manos de señores como Ferhat Abbás, Ben Yedda o Budiaf, en aquel entonces marginados por el dictador Ben Bella, a una Argelia Democrática y Socialista, como si fuera de los gobiernos socialistas no hubiera lugar para la democracia.

Y el rizo que riza el rizo no es otro que ello. Buscar en la historia los motivos de los acontecimientos que hoy infunden temor, entre quienes como yo, creemos en la separación total entre política y religión, no es más que buscar excusas de mal pagador para encontrarle la vuelta perfecta a la realidad que todos vivimos y culpar así a la siempre siniestra y malvada derecha mundial, que como los malos de las películas no entienden de fiestas ni vacaciones a la hora de urdir nauseabundos planes de dominación planetarias, de los males que los propios votantes se provocan en según qué lugares.

Tener que leer que los Americanos vuelven a ser los malos de la película y los principales culpables de que los Islamistas vayan a mandar en Egipto, y documentarlo todo de forma que parezca una verdad absoluta, hilando tan fino los hechos que se consigue demostrar que sólo el analfabetismo es padre del Islam extremista y que éste, el analfabetismo, tiene como padre y madre a los acontecimientos que ocurrieron hace cuarenta años, es una bebida sádica que servidor es incapaz de beberse ni a buenas ni a malas.

Leer que las cosas van mal por aquellos lares, para a continuación tener que tragarme falacias como las que en ese texto se espetan en la cara de los lectores, es la certificación ya inequívoca de que la imparcialidad y el rigor son dos características periodísticas, que hoy son vistas por todos como reliquias de un periodismo que feneció hace no mucho tiempo y que difícilmente volverá a resurgir de sus cenizas, a no ser que ellos, los periodistas, hagan  un ejercicio de contrición verdadero y olviden, por un segundo, que su trabajo está pagado por grandes empresas, que entrelazan sus intereses con decisiones políticas que las arrastran, a un lugar específico del cuadrilátero, en la batalla diaria que acaba representada en los noticiarios.

Si aceptáramos el dogma de que sólo el analfabetismo es padre del islamismo radical, tendríamos que preguntarnos entonces algo mucho más serio; ¿qué les enseñaron a estas mujeres entonces en la Universidad de El Cairo en 2004?

Clase de la Universidad de El Caro en 1959

Class of 1959

Clase de la Universidad de El Cairo en 1978

Class of 1978

Clase de la Universidad de El Cairo en 1995

Class of 1995

Clase de la Universidad de El Cairo en 2004

Class of 2004

¿Don de está aquí el analfabetismo señores?¿Y la libertad?

 

Periodismo y populismo.

Si yo les dijera que la rutina de las dos Españas enfrentadas lo lleva a uno al hastío más desvalido. Si les reconociera que se me eriza el vello cada vez que leo a algún que otro periodista de esos que ayer escribían en sus periódicos y que hoy, en virtud de las Redes Sociales y sus herramientas de comunicación inmediata, sucumben a los cantos de sirena que ayer tan solo escuchaban los mal llamados gurúes de la blogosfera, al tiempo necesitan no sólo de alguien que les pague por los artículos que escriben, sino también de las loas de quienes con un sencillo tuit de respuesta agradecida se mean en los pantalones, provocan tocamientos obscenos encerrados en el cuarto de baño y guardan el susodicho como si de un valioso trofeo se tratara…

Si les aceptara tal verdad y aún así persistieran en continuar leyendo esta mamarrachada de post visceral, que no es más que un cabreo momentáneo con todo el entramado informativo de este país de pandereta llamado al precipicio del enfrentamiento, el rencor y la envidia eternas, si lo hiciera digo, no sería ello más que la sencilla prueba de que a día de hoy, cualquiera, con estudios o sin ellos, está capacitado para escribir en un periódico. Y lo estaría por la sencilla razón de que sólo la víscera, el odio y la simpleza de miras, son requisitos imprescindibles para que un artículo cualquiera sea aceptado como portada de un medio de comunicación.

Y para comprobar que lo escrito es cierto, tan sólo hay que darse una vuelta por algunos perfiles de periodistas, leer sus crónicas y revisar sus blogs personales. Verán como los que ayer fueron profesionales, hoy viven atados a un atril de la fama que más que volverlos reflexivos, los torna voceros de ideas sectarias enaltecidas por chusma, que desde el anonimato y la tontería de ‘alias’ infantiles, los jalean, aplauden y mitifican, como si de líderes intelectuales se tratara.

 

El lado oscuro de la red #porunaredlimpia

Si los que hoy patalean por la ley SOPA Americana se molestaran la quincuagésima parte en denunciar los perfiles pedófilos en Twitter, Facebook, Tuenti o Live Saces, otro gallo cantaría por esta red de redes que cada día sucumbe más en su propia mierda endogámica…

Y sí, el Documental es antiguo (del 2004) y largo (seis capítulos), pero recordad el dato; si eso ocurría entonces, cuando la Red de Redes aún no había alcanzado la implantación mundial que hoy tiene, ¿cómo de monstruosas serán las cifran que hoy manejen las autoridades policiales?

De verdad os lo digo, habría que pensarse muy mucho en qué iniciativas debemos poner todos nuestros esfuerzos de forma solidaria y en cuantas nuestra presencia beneficia sencillamente a unos miserables cuya única aportación a la cultura es un enlace cubierto de publicidad que le permite vivir del cuento a costa del trabajo de los demás…