El Mosquitero

Un bloguer-camionero. Sin más…

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La casa

La plaza del Cid, esa es la plaza en la que me crié. El encerado sobre el que pasé mis más tierna infancia, donde descubrí a los amigos, donde aprendí a jugar. Y la calle que veis perderse en la lejanía, sí, esa que nace en esta maravillosa plaza, es la calle Dos de Mayo, donde un servidor vivió durante mucho tiempo.

la placeta del cidEn esa calle, en el bajo del número seis, había una enorme puerta de madera de un garaje que nosotros, mi hermano, Iván,  Jose y yo, utilizábamos de portería. Bueno, de portería y muchas otras cosas más, puesto que con tiza le dibujábamos dianas, la utilizábamos de casa para el pilla pilla, para muchas cosas, no en vano era nuestra posesión más preciada.

Porque si amigos, en aquel tiempo los niños jugaban en la calle. Y por esta no pasaban tantos coches. Jugábamos a fútbol, al monopatín, a pillar, a las carreras de coches con  aquellos coches de miniatura, al escondite. Y si nos alejábamos mucho de la plaza, siempre había un vecino o vecina que nos decía; “¿Sabe tu madre que estás tan lejos de casa?¡Vuelve enseguida a la placeta!”

También nos hacíamos nuestros tirachinas,y en invierno y sin alejarnos no más de dos o tres manzanas de nuestra calle, nos dedicábamos a cazar lagartijas. Pero no solo nosotros cuatro, nosotros no éramos más que los cuatro mejores amigos, cuando nos juntábamos todos los vecinos del barrio éramos muchos, más de cincuenta.

Y no había diferencia de edad entre los amigos. Habíamos de ocho o nueve años, y otros que llegaban ya a los doce, y todos jugábamos juntos. Evidentemente nosotros, los pequeños, siempre íbamos a remolque de los mayores, pero nos sentíamos aceptados, parte de un grupo increíble de jovencitos que tenían, como única finalidad en la vida, jugar y ser felices.

Cristal

cristal

Cristal. Eso mismo parecían, en aquel momento, aquellos ojos que una vez miraron en lo más profundo del ser amado. Esos ojos, que al ver llegar a su amor, se achinaban y decoraban al mismo tiempo el rostro con sus características arrugas de felicidad. Ahora eran cristal.

Un trocito de sentimiento asomó y una amargura, hasta ese momento desconocida, le invadió el corazón.

Despedida

Sentado. Te escucho mientras intentas justificarte. Autoconvencerte de tu propia decisión.
despedidaNo te miro. Temo perder la cordura que hasta el momento no me ha faltado. Contengo las lágrimas que abordan mis ojos.
Observo la plaza en la que nos encontramos. Dos niños la cruzan, de lado a lado, persiguiendo un balon perdido.
Continuo escuchando tus, para mi, incomprensibles justificaciones.
Cierro los ojos. Intento escuchar solo tu voz. Ni un ligero asomo de tristeza. Suena firme y decidida. Lo suficientemente distante, como para hacer más agradable el silencio.
Recuerdo. El dia en que nos conocimos. Nuestro primer cruce de miradas. La primera vez que nos cogimos de la mano…el primer beso. Aquellas tardes lluviosas en casa. Tu brazo, rodeando mi cintura, recostados en el sofa. Tu cabeza, apollada en mi pecho.
Desvio levemente la mirada. Tu mirada se cuza, por primera vez, con la mía.
Una gota de dolor asoma en tus ojos. Sufres, aunque yo pensara que no. Por primera vez, el silencio es nuestro compañero.
Llevo sufriendo desde hace diez minutos. La lágrima que ha brotado de tus ojos, me dice que tú, llevas más tiempo sufriendo. En silencio. Viviendo el desamor encerrada en tu propia mentira. Esclava de tus decisiones. El amor ha jugado contra tí. Te ha traiccionado. Hemos llegado a un cruce…que nos separa.
Te dejaré marchar tranquila. Pues el amor es cosa de dos, y uno solo, solo puede querer.

El silencio

silencio 1Ahora. Mientras me enfrento a la pantalla del ordenador. Mientras el cursor parpadea. Mientras mis dedos acarician las letras del teclado. Cuando en mi mente bullen infinidad de motivos para escribirte….

El silencio retumba en mis oídos. Los  acaricias con tu dulce susurro. Te paseas por mi pensamiento. Te alimentas de mi pasión…

Lo que tenía que escribirte…lo he pensado. Lo has sabido…Lo has oído.

¿Recuerdas…?

¿Recuerdas…?

Las cenas a solas. Aquellas miradas llenas de intenciones. El roce de nuestra piel mientras caminábamos. Aquella caricia de mi mano en tu mejilla mientras nos besábamos. Los “tequieros” y los “yo a tí más“, los “bonita” y el “guapo“, los “te querré toda la vida” y los “yo a tí siempres“.

Recuerdo tu risa. Aquel mandar sobre qué hacer firme, pero gracioso. Aquella mirada que me derretía…y sabiéndolo te aprovechabas. Tu caminar a veces dulce a veces basto que dependía, y tanto que dependía, de tu humor en quel momento. El fuego de tus labios al darme el beso de despedida…¡¡¡y que despedidas!!!

Yo si lo recuerdo y no quiero olvidarlo nunca. También quiero que tú lo recuerdes, porque aquella es la esencia de nuestro amor. Aquel, el fuego que fundió nuestros destinos. Los roces de piel, las miradas, las caricias…los “tequieros“. Todo quello creó nuestro amor.

No lo olvides nunca. Que no se diluya nunca nuestro amor, entre la corriente de la monotonía. Y si alguna vez corre nuestro amor peligro ¡¡¡recuerda!!!…porque si no lo olvidas, siempre…siempre, sabrás por qué me quieres.