El Mosquitero

Un bloguer-camionero. Sin más…

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Sintaxis antidemocrática

Antaño, con lo que está pasando en la actualidad de este mísero país, servidor se hubiese dejado las yemas de los dedos en su teclado poniendo negro sobre blanco todo cuanto su mente indignada tuviese a bien imaginar. Sin embargo, ya ven, el blog permanece sumido en un incómodo silencio, sólo roto en ocasiones por posts escuálidos, parcos y simples. Tal vez la razón sea que se nos acaban las fuerzas para expresar lo que creemos, que los políticos nos ganan, nos silencian, nos limitan.

Al mismo tiempo los periódicos, en sus versiones digitales, se han tornado en demoníacos foros ultras que atraen hacia sí a la más variopinta y fatal de las especies homínidas que militan u odian a los partidos. El insulto, la vejación, el estereotipo y la simpleza en los planteamientos, han tomado al asalto lo que otrora fuere la cuna de la cultura, el conocimiento y la democracia. Información invadida por la opinión y el sectarismo en la parte de arriba, incluso en el propio título del artículo, y borreguismo disfrazado en multitud de ocasiones de sarcasmo, ironía y falsa modestia en la parte en la que se supone que dialogan los lectores. Un desastre vamos.

Así que uno se sume en lecturas constructivas, paseos blogueriles alrededor de su lector de feeds, y monta su opinión a ritmo de tuit. Es más sencillo, menos laborioso y mil veces más reconfortante que escribir un largo artículo que pocos acabarán de leer con una mente sin prejuicios. Pero siempre hay un día en que uno necesita explayarse, sobrepasar la barrera de los ciento cuarenta caracteres del pajarito azul y sumirse en la escritura de un post que, esta vez sí, trata de tomar una instantánea del momento en que vive mi pobre mente calenturienta. Leyendo a Javier Linares en su post de hoy sobre las once leyes del pensamiento sistémico, me dan que pensar tres de ellas.

  • “Los problemas de hoy derivan de las soluciones de ayer”

Esos problemas son el paro y la crisis. Algunos dirían que hay más, pero estos son los que creo nos ocupan a todos los ciudadanos de a pie. La segunda deriva de la burbuja inmobiliaria y la primera de la segunda. La burbuja tuvo como nacimiento aquella ley del gobierno Aznar (que a mi me pareció bien) en la que el suelo se liberalizaba cediendo las competencias sobre el mismo a CCAA y Ayuntamientos.

La principal diferencia entre la anterior y la de Aznar era meramente administrativa; se pasaba de regirse por una regulación basada en el suelo urbanizable programado que tenía en cuenta la posible demanda a futuro, a liberalizarlo todo y simplificar el suelo en tres tipos (urbanizable, urbano y no urbanizable) con su consiguiente agilización burocrática. El propio diario El Mundo, como se puede leer en el enlace, advertía de que era posible que dicha simplificación derivara en corrupción como denunciaban los distintos partidos, pero aún así era una solución viable para conseguir el abaratamiento de la vivienda.

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Las viviendas no bajaron de precio, tal y como podemos comprobar en esta gráfica,  pero eso no le importó a los políticos, tanto a los que hicieron la ley como los que negándose a ella la mantuvieron impoluta cuando alcanzaron el poder en el 2004. A partir del 98 el incremento exponencial del precio de la vivienda fue desorbitado. Así que esa primera ley sistémica de Senge se cumple a la perfección en nuestra realidad.

  • “La causa y el efecto no están próximo en el tiempo y en el espacio”

Esta séptima ley sistémica también se cumple. La ley de Aznar se hizo en 1998 y la crisis tal cual nos ha llevado al desastre emergió en 2007, nueve años después.  Aún cuando los distintos gobiernos comprobaron que aquella ley del suelo no tenía absolutamente ningún efecto sobre el precio de la vivienda, salvo el de aumentar las ganancias de las constructoras que tenían el suelo más barato vendiendo los pisos más caros, permanecieron en la más absoluta inactividad al respecto alimentando con proclamas partidistas el ingreso en febriles Champions Leagues económicas mundiales que legitimaban salarios desorbitados, endeudamientos familiares exagerados y percepciones erróneas de la realidad económica.

Aquella ley del suelo llevaba aparejado el aniquilamiento de la economía nacional tal cual la conocíamos. Una simple ley sobre la que emergieron andanadas de actividades económicas que ofrecieron empleo con visos de futuro certero, pero que escondía una fecha de caducidad aterradora; el pinchazo de la burbuja. Centenares de miles de estudiantes salieron de los institutos para ganarse el pan en cualquier trabajo que desde el principio te daba mil euros. Estudiantes que más tarde lamentarían haber corrido en pos de ello mientras hacían cola en el INEM.

También esta séptima ley se cumple en ellos. Abandonaron los institutos a finales de los noventa y ahora al principio de los diez lamentan su falta de cualificación. Decisiones que diez años más tarde caen como losas a las espaldas de ciudadanos de treinta y cuarenta años, con familias constituidas, que ven impotentes cuan oscuro es el futuro que los espera. Ciudadanos que son demasiado mayores para ser aprendices y demasiado jóvenes para sentirse derrotados. Con las complicaciones para recuperar el camino estudiantil perdido de quienes tienen familia a su cargo. Con la sapiencia de que se equivocaron cuando tomaron una decisión intrascendental en su momento, pero fundamental para el resto de sus vidas en el futuro.

  • “No hay culpa”

Qué les voy a decir de ésta, que es la onceaba. Tan solo hay que leer periódicos, atender a pregoneros y escuchar a estómagos agradecidos. No hay culpa de nada, en nada. O si la hay es siempre de otros. Es el sino de nuestra democracia. La misma en la que la sintaxis es ya más importante que la verdad. Lo demuestra Bárcenas y su estaba o no a la nómina del partido. Una frase del presidente a la que se le saca punta en todas direcciones, convirtiendo lo dicho tanto en una verdad que lo excusa como en la mentira que lo culpabiliza.

¿No formar parte del PP qué significa, que no se tienen funciones, que no se tiene despacho, que no se milita o que no se cobra?¿Cómo puede ser que una sola frase tenga tantas derivadas, tantas mentiras, tantas verdades? En la sintaxis. La peor enemiga de la democracia. La verdadera arma de destrucción masiva de la sociedad alfabetizada.

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¿Nuestros políticos ven lo que ocurre a su alrededor?

Si los políticos atendieran de verdad a lo que ocurre en la calle, al sopor que se instala en las tertulias de barra de bar, al cansancio de los telediarios, los debates y la propaganda de periodistas vendidos al partido de sus amores, seguramente estarían defecando atemorizados en sus respectivos aseos de casa. Tal vez sí lo hagan, lo de darse cuenta digo, y hayan decidido hacer como si no lo ven para, por si una de aquellas, esa marea de cambio que se atisba en el horizonte se diluye en su propio fluido sin dejar que la sangre llegue al rio. Que lo que ocurra en realidad sea no lo ven, que es lo que parece que ocurre, no hace más que demostrar que ese cambio es necesario no sólo para la democracia, sino también para la salud mental del resto de ciudadanos. No harán falta revoluciones ni derrocamientos de poderes ningunos. La propia democracia se sacudirá a estos políticos como se sacude un perro las pulgas de su pelaje. A las próximas elecciones me remito.

Periodismo necesario

Si hay algo que necesita el periodismo como agua de Mayo es saberse reconocido socialmente como se merece. En la era de la información, esa del mal llamado periodismo ciudadano que Marcelino no acepta como denominación, la desconfianza que provocan en nosotros los perfiles sociales de los periodistas y sus indisimuladas tendencias políticas, hacen que dicho reconocimiento se torne en una desconfianza congénita que induce a la objeción de cualquier atisbo de comentario que de ellos pudiera salir.

El dospuntocerismo, la moda de la tertulia de trinchera, el tributo al culto a la personalidad en detrimento de la mera información, han llevado a la profesión del periodista a un callejón sin salida que ha acabado por simplificar el concepto periodístico hasta el punto de no poder diferenciarlo de la opinión. La unión indisoluble entre periodistas y protagonistas de la información, ha terminado dinamitando la credibilidad de los primeros y confiriendo un aura de pagadores de favores a los segundos, que como última consecuencia, ha traído la desestabilización de la cuarta pata de la democracia hasta hacerla casi caer.

Y aún así, el caso Bárcenas, el Gürtel, los ERE’s Andaluces y demás escándalos de corrupción nos llevan a los ciudadanos a la certeza de que la del periodismo, por cutre, vendida o tergiversada que nos pueda parecer, es la única vía posible que nos queda para sabernos informados.

Podremos rebatir de forma automática cualquier información que se pueda dar en función de quien sea el que la de. Pero si hay algo que estos últimos años nos deberían haber enseñado ya, es que por muy corrompida, embarrada y teledirigida que nos pueda parecer la profesión periodística, al final siempre queda demostrado que donde se intuyó el humo hubo fuego. Y a eso es a lo que deben agarrarse quienes creen de verdad en el cuarto poder de la democracia.

El mapa de los salarios mínimos

Es interesante el mapa que Rafael Pampillón nos mostraba el otro día en su blog. En el quedan representados los países que tienen salario mínimo interprofesional por ley y los que no. Y me es curioso porque en Alemania o Italia no existe ese salario mínimo y sí en Reino Unido o Francia. Es uno de esos mapas que nadie utiliza para apoyarse en sus opiniones sencillamente porque sirve para avalar cualquiera de las dos posiciones que se podrían poner como punto de partida en un supuesto debate sobre ese mismo salario mínimo.

Un mapa en donde queda demostrado que con él se puede cobrar una miseria y sin él vivir en la locomotora de Europa. Y al mismo tiempo con él asegurarse una renta considerable y sin él la práctica esclavitud del asalariado. Un mapa inconsistente para quienes tienen la necesidad de sentar cátedra con sus opiniones y revelador para quienes sencillamente nos hacemos preguntas que no pretendemos saber contestar.

salario mínimo interprofesional

Las preguntas se las hacen ustedes mismos sin que haya necesidad de que yo materialice aquí las mías. De todos modos les dejo otra gráfica en la que aparece detallada la media de ingresos brutos anuales de los trabajadores de la UE para que se hagan las preguntas que de verdad les hagan pensar sobre lo plasmado en la primera. Ustedes ya son mayores de edad.

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La buena nueva del último Metroscopia

Pocas cosas deberían ser mejor recibidas que aquellas que supusieran una liberación para una democracia agotada bajo los achaques de un chantajismo periférico que la ha contaminado desde el comienzo de sus días. PP y PSOE deberían entender como una bendición el saber que, en unas hipotéticas elecciones generales, su desgaste electoral no sólo traería savia nueva a la vida política de este país, sino que además propiciaría que el voto cautivo que hoy se mantiene a ambos lados del decadente bipartidismo en el que nos encontramos, implosionaría por culpa de la crisis y acabaría por propiciar no sólo la apertura de un inmenso abanico de posibilidades a la hora de fabricar nuevas y fructíferas alianzas post-electorales, sino que además de un plumazo los liberaría de la dictadura de unos partidos independentistas que durante años han lastrado su mensaje político cambiando dineros por votos.

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Según la simulación del resultado electoral de Metroscopia en unas hipotéticas elecciones generales, los dos grandes verían derrumbarse el bipartidismo atenazado bajo el yugo de los independentista Catalanes y Vascos. Ello conllevaría la entrada en el arco parlamentario de IU y UPyD con 48 y 30 diputados respectivamente que convertirían a PNV y CIU, con 5 y 10 en este caso, en meros convidados de piedra de una verdadera política de estado a todas luces libre de chantajismos. Bajo la tutela de la revolución de las urnas, se acabaría de un plumazo con las políticas que durante lo que llevamos de democracia nunca tuvieron como aspiración suprema el bien de la nación Española, sino más bien el de Cataluña y País Vasco.

Es una gran noticia esta simulación. Si fuera cierta y este supuesto llegara a fructificar, los ciudadanos Españoles ya no tendrían necesidad de permitir que sus votos estuvieran cautivos bajo unas siglas en función de lo que podrían hacer los contrarios con ellos. Los mismos partidos podrían establecer más claramente cuales son sus ideas sin miedos a lo que opinara la periferia. Seríamos más libres para votar. Tendríamos mejores partidos. Se nos representaría mejor. Y sobre todo sabríamos que ya nunca más se nos vendería por dinero a Cataluña ni País Vasco.

Sin duda ninguna una gran noticia, al menos, para quien aquí escribe.