El Mosquitero

Un bloguer-camionero. Sin más…

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Asesinos

Miraba con atención cualquiera de los movimientos que éste hiciera. No sabía muy bien cómo había llegado a aquella desoladora situación, pero lo cierto es que no dudaría ni un solo segundo en apretar el gatillo de aquel viejo y agarrotado revolver.

El reflejo de la luz en un filo de una navaja le deslumbró un segundo. Atinó a disparar y la vida le pasó por delante sin que siquiera le diera tiempo a darse cuenta de ello. Un punzante dolor en el pecho le sacó de la catatonía que le había provocado la sorpresa y un tibio líquido de color rojo comenzó a manchar su impecable camisa de botones.

Levantó sorprendido los ojos y cruzó su mirada con la de su asesino. El pobre desgraciado estaba feliz, sin rastro de dolor en su semblante. Recordaba haber apretado el gatillo. Estaba seguro de ello. Se dio cuenta de que se le movían los labios. Prestó la mayor de las atenciones para saber qué le decía ese desgraciado…

…es lo que tiene fiarse de un revolver viejo.

Relatos

Como bien sabéis todos los lectores del blog, ahora mi tiempo on-line es muy limitado. Por ello las actualizaciones del mismo carecen de la actualidad de la que eran características. Ahora he decidido realizar un cambio crucial que no se si será de vuestro agrado, he decidido publicar los relatos cortos, que en mis ratos de asueto, escribo para mi y mi esposa.

Los relatos que hasta ahora hay publicados han sido importados de mi antiguo blog ‘La Historia que será’ y ahora los tenéis disponibles en una pestaña nueva que veréis en la parte superior en la que pone ‘Relatos Cortos’.

Es un primer paso para recomenzar la antigua iniciativa del CETH. Una forma como cualquier otra de volver a los orígenes y reencontrarme con lo que siempre fue mi pasión, escribir. Es cierto soy mal escritor y pésimo contador de historias, pero me gusta lo que escribo y por eso lo publico.

Tengo dos relatos guardados de esta semana que publicaré mañana y que espero sean de vuestro agrado. Sin más, espero que los relatos que escriba mientras paso la semana de viaje con el camión, puedan haceros pasar un buen momento cuando os sean presentados a la vista desde este humilde y destartalado blog.

Observando

Silenciosa veía pasar la noche segundo a segundo, momento a momento. Desde allí, desde lo alto de aquella magnífica edificación antigua, dominaba aquella calle desierta y captaba, al momento, cualquier movimiento que perturbara la paz que ahora la dominaba. Durante muchos años había presenciado cómo cambiaba poco a poco sin llegar a advertir, en ningún momento, que el progreso se abría paso a su alrededor.

Allí estaba ella, vigilante ante cualquier cambio, disfrutando de aquella maravilla que era el progreso. Ahora veía parques y bancos para que los transeúntes se sentaran mientras disfrutaban de un momento de paz. Había más tráfico sí, pero extrañamente parecía mucho más ordenado. Estaban los edificios de alrededor repletos de escaparates, terrazas con gente…vida.

Ahora era de madrugada. Esa calle, que por el día hervía de agitación, estaba ahora desierta y plácidamente calmada. La luz de su habitación se apagó y supo, en ese momento, que la hora de dormir le había llegado también a ella, a la ventana que dominaba desde aquella magnífica edificación antigua, la calle a la que había visto crecer desde pequeña.

Compañía

Se despertó y miro a su lado. Ella permanecía de espaldas a él, soñando dormida Dios sabe qué cosas. Era extraño, pero la verdad es que siempre que desviaba la mirada para verla dormir la encontraba en aquella misma posición. No importaba cuantas veces desviara el rostro para contemplarla, siempre la encontraba igual.

Con esa misma certeza en su mente, sabía que a los pocos minutos de abandonar la cama ella se despertaría y levantaría. Daba igual también a qué hora lo hiciera, ella siempre se despertaba. Era como si en su subconsciente necesitara despedirse de él cuando éste tenía que partir. Y por eso, cuando finalmente decidió levantarse, estaba seguro de que ella lo seguiría como tantas y tantas veces antes.

Cerró la puerta de la habitación, como siempre, en silencio y con sumo cuidado, pretendiendo aún sabiendo que era un imposible, que su sueño no se viera perturbado por su ausencia. Se aseó y encendió el ordenador. Ella lo siguió a los pocos minutos.

Reo

Regresó escandalizado a casa. Nada podía hacer para reparar mínimamente lo ocurrido hacía unas horas. La simpleza de la situación que vivió, el desconcierto que lo embargó y su manifiesta incapacidad para reaccionar a tiempo, le llevaron a cometer un crimen del que aún no comprendía como podía ser autor material. Y a eso había que sumar la huída, esa cobarde forma de evitar las responsabilidades que siempre había apreciado en otros…

Sabía que lo encontrarían. No había más que seguir las pistas, dejadas cual  migas de pan, que había ido dejando de camino hacia su casa. Contenedores volcados, transeúntes sorprendidos y atemorizados ante lo que sus ojos vislumbraban, y regueros y regueros de maldiciones dirigidas expresamente a él.

Y había más, el coche con el parachoques ensangrentado estaba aparcado bajo su casa. Iría a la cárcel, pero qué podía hacer. En el momento del atropello no fue capaz de reaccionar a tiempo. El pánico lo embargo y su cerebro dejó de funcionar racionalmente. El instinto de supervivencia le impidió observar cómo desde la acera una decena de testigos presenciaban su alocada huída hacia delante.

Iría a la cárcel sí, pero nada podía hacer por ese hombre que dejó tendido en la calzada. La muerte le sobrevino sin aviso previo. Y lo peor de todo es que la vio pasar por delante suyo y ésta lo utilizó a él como instrumento para realizar su propio trabajo.

Vio cara a cara a la muerte y ésta le sonrió. Le arrancó la vida de cuajo cuando dejó que sobreviviera al accidente sumergido en alcohol, culpable de asesinato por imprudencia grave, alcohólico conductor de vida corriente que acababa de firmar la sentencia que le privaría de aquella libertad a la que nunca prestó atención por muchos años…

Era ya reo sin estar detenido, reo de sus propios remordimientos.