El Mosquitero

Un bloguer-camionero. Sin más…

Archivos diarios: 05/19/2013

La buena nueva del último Metroscopia

Pocas cosas deberían ser mejor recibidas que aquellas que supusieran una liberación para una democracia agotada bajo los achaques de un chantajismo periférico que la ha contaminado desde el comienzo de sus días. PP y PSOE deberían entender como una bendición el saber que, en unas hipotéticas elecciones generales, su desgaste electoral no sólo traería savia nueva a la vida política de este país, sino que además propiciaría que el voto cautivo que hoy se mantiene a ambos lados del decadente bipartidismo en el que nos encontramos, implosionaría por culpa de la crisis y acabaría por propiciar no sólo la apertura de un inmenso abanico de posibilidades a la hora de fabricar nuevas y fructíferas alianzas post-electorales, sino que además de un plumazo los liberaría de la dictadura de unos partidos independentistas que durante años han lastrado su mensaje político cambiando dineros por votos.

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Según la simulación del resultado electoral de Metroscopia en unas hipotéticas elecciones generales, los dos grandes verían derrumbarse el bipartidismo atenazado bajo el yugo de los independentista Catalanes y Vascos. Ello conllevaría la entrada en el arco parlamentario de IU y UPyD con 48 y 30 diputados respectivamente que convertirían a PNV y CIU, con 5 y 10 en este caso, en meros convidados de piedra de una verdadera política de estado a todas luces libre de chantajismos. Bajo la tutela de la revolución de las urnas, se acabaría de un plumazo con las políticas que durante lo que llevamos de democracia nunca tuvieron como aspiración suprema el bien de la nación Española, sino más bien el de Cataluña y País Vasco.

Es una gran noticia esta simulación. Si fuera cierta y este supuesto llegara a fructificar, los ciudadanos Españoles ya no tendrían necesidad de permitir que sus votos estuvieran cautivos bajo unas siglas en función de lo que podrían hacer los contrarios con ellos. Los mismos partidos podrían establecer más claramente cuales son sus ideas sin miedos a lo que opinara la periferia. Seríamos más libres para votar. Tendríamos mejores partidos. Se nos representaría mejor. Y sobre todo sabríamos que ya nunca más se nos vendería por dinero a Cataluña ni País Vasco.

Sin duda ninguna una gran noticia, al menos, para quien aquí escribe.

La virtud del centro político

¿Saben? Siempre se ha dado por sentado que en el centro político reside la virtud ciudadana. Ese lugar que de forma indiscutible hemos designado como residencia natural de los demócratas. Lo complicado está no tanto en alinearse en torno a él, eso es sencillo, sino más bien en encontrarlo informativamente hablando. Ya saben, no es lo mismo declararse de centro que informarse tomando como sino dicho lugar, entre otras cosas porque como tal, dicha residencia no existe en el espectro informativo.

Uno puede rebanarse los sesos buscando un medio que se establezca claramente en el centro durante años y acabar declarando que dicho centro no es más que una utopía más de las muchas que pueblan el imaginario ciudadano. Encontrarlo, descubrirlo, atisbarlo si quiera, es un imposible semejante al de vislumbrar la nitidez de una imagen tomada por una cámara desenfocada. Seremos capaces de adivinar algunas líneas maestras que nos ofrezcan una imagen borrosa, pero nunca alcanzaremos a disfrutar de la fotografía en todo su esplendor.

El centro político es como aquel último bocado del bocadillo que da sentido al resto ya ingerido, que queda sumergido accidentalmente en un charco de agua derramada de un vaso volcado por error sobre el plato en el que reposaba. Un suculento bocado de imposible disfrute que nos deja la terrible sensación de no haber podido culminar con el orgasmo onanístico del crujir del pan en el último mordisco. Un robo en toda regla que nos aparta del delicioso clímax papilo-gustativo que da sentido al rito de la comida.

El centro político informativamente es un mito, una leyenda urbana que todos nos encargamos de alimentar con la vana pretensión de descubrirlo accidentalmente. No es necesario perder más tiempo en ello que el necesario para cerciorarse de que nos es imposible dar con él sin ayuda. Otra cosa es a quién le pidamos la ayuda para ese menester…