El Mosquitero

Un bloguer-camionero. Sin más…

Lealtades políticas y cambios en la forma de escribir

El mundo de la opinión es un antro oscuro en el que las buenas palabras y el respeto no son más que cuestiones figuradas que dependen del lugar ideológico en el que cada uno de nosotros nos encontremos en un instante determinado. Es decir, podemos dar con quien hace de la equidistancia su bandera y acto seguido, tras una hecatombe electoral, se convierte en un Dover-man enloquecido que no deja títere con cabeza ni contrario sin insulto que le valga. Ejemplos, como las meigas, haberlos ahílos. Sobra señalar.

Hasta hace un par de días, los que hoy descalifican a la ligera, ponen motes y escriben con tinta de bilis, lo hacían plácidamente sentados en sus butacas y se pavoneaban, henchidos de satisfacción, por parecer los adalides de la educación mientras se atrevían a señalarte diciendo que nunca había que ceder a la tentación de escribir con las vísceras. Hoy todo ese mantra se ha ido al garete. Ya no hay agujero que no sea trinchera, ni columna, blog o micrófono que no sirva para demoler incluso las iniciativas que hasta hace dos días defendían entre risas y sarcasmos.

Hoy es cuando los que insultaban se vuelven altaneros y los que predicaban la razón y el sosiego se tornan velociraptores, en busca de una presa cual sea a la que hincarle el diente, para justificar sus más que demostradas lealtad políticas. Y después nos preguntamos el porqué de la debacle del periodismo…

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