El Mosquitero

Un bloguer-camionero. Sin más…

Esquizofrenia político-periodística

Hace poco más de un año, en mayo, el anterior presidente del Gobierno se vio obligado a tomar una serie de medidas que desde la oposición fueron tildadas de injustas. Eran los mayores recortes sociales que sufríamos los Españoles desde que en el 78 nos dotamos de Constitución. Los unos defendieron la aplicación de las susodichas medidas en aras de mantener una sociedad del bienestar que en esos momentos se veía amenazada por un ente abstracto al que llamaban ‘mercados’. Cabría recalcar en este punto que esos mismos ‘mercados’, cuando rebajaban la ‘prima de riesgo’ eran ‘inversores’ y cuando la aumentaban ‘especuladores’. Eran el bien y el mal encarnados en un único ente que se tornaba malévolo o bondadoso según la necesidad puntual de quien en ese momento se refiriera a ellos.

Durante el año siguiente el gobierno defendió a brazo partido la aplicación de dichas medidas al tiempo que se defendía como gato panza arriba de los furibundos ataques de una oposición envalentonada que ya preveía para si una aplastante victoria electoral. En ese tiempo la oposición se hartó de proclamar que ellos nunca, en ningún caso, aumentarían los impuestos y el gobierno defendió que esa era la única manera que tenía el estado para financiar su ya entonces monstruosa deuda. Los primeros acusaron a los segundos de haber decretado el mayor recorte social de la historia democrática, al tiempo que los segundos les pedían que les dijeran, en tal caso, cómo harían ellos para conseguir más ingresos sin aumentar la carga impositiva a los ciudadanos. Los primeros, tomando el silencio por respuesta estándar ante las inquisitoriales cuestiones que se les proponían, se encerraron en un sepulcral mutismo solo roto para dirigir ataques electoralistas hacia sus contrarios.

Al mismo tiempo las líneas editoriales de ambos bandos reconfiguraban sus posiciones editoriales conforme a las que en esos momentos dominaban los partidos a los que apoyaban y descargaban furibundos ataques opinativos sobre los contrarios, combatiendo las posiciones de los otros con artículos de expertos que pretendían pasar por ciudadanos que sabían más que quienes tenían las cuentas frente a sus narices. Si hacía cuatro años bajar impuestos era de izquierdas, ahora lo era de derechas y acto seguido podría volver a serlo de izquierdas tanto en cuanto las necesidades del aparato lo demandaran. Las posiciones ya no estaban consolidadas en una especie de mantra que guiara los designios del poder, sino más bien cabalgaban a lomos de una colérica ciudadanía que emitía impulsos transformados en miríadas de encuestas de opinión que afianzaban las posiciones ya determinadas por las cabezas pensantes del momento.

La pregunta que siempre quedó en el aire y que estas semanas ha tenido sus contundente contestación fue: ¿Si no suben impuestos señores de la oposición, cómo esperan aumentar los ingresos para solucionar el problema del déficit? La respuesta siempre fue la misma: si bajamos impuestos la economía se mueve con lo que el estado consigue más ingresos. Y aquí estuvieron los dos mantras que guiaron las posiciones de ambos partidos en su camino a la cita electoral del veinte de Noviembre y que no pudo torpedear la noticia en falso de la derrota terrorista.

La ciudadanía, convencida de que en realidad pensaba lo que creía mejor, ignoraba que estaba sometida al influjo del aparato político que en esos momentos estaba siendo el ganador. El libre albedrío sólo era válido para elegir entre muerte y susto, en ningún caso para rodear el desastre que se cernía sobre ella. Y ello fue posible gracias a la cooperación entre políticos y periodistas. Un ente que en sí mismo sí que podríamos tildar de insidioso, perverso y resentido. Tan culpables fueron unos como otros a la hora de crear el caldo de cultivo que más tarde fructificaría en una mayoría absoluta que personalmente creo es mejor que lo que teníamos antes, pero que dista mucho de ser lo que España necesita.

Y llegó Noviembre y con ello la victoria del partido que hasta entonces ostentaba la oposición con una promesa electoral estrella de no subida de impuestos que sólo sobrevivió a la primera semana de vida popular. Entonces los que ayer defendieron las subidas de impuestos atacaron a los que las imponían tachándolos de injustos, mientras que los que habían cambiado de opinión se defendían diciendo que era lo único que podían hacer. Los que estaban ahora en la oposición defendían que las subidas de impuestos eran injustas y que había más formas de atacar el déficit a parte de las cargas impositivas. Y ahora eran los otros quienes les preguntaban abiertamente sobre cuales eran esas medidas.

¿Los periódicos y periodistas? Bueno durante unas horas cada uno de los bandos pasó a defender a su enemigo natural. Algunos periódicos de izquierdas defendieron posiciones que en esos instantes eran de derechas y otro tanto le pasó a algunos periódicos de derechas. Pero eso tan solo duró hasta la publicación de la siguiente línea editorial de ambos bandos. De la noche a la mañana, quienes hasta ese atardecer defendieron las bajadas de impuestos pasaron a amparar las subidas y viceversa. De nuevo periódicos y periodistas quedaban retratados en su más que justo estigma de vendidos al poder.

¿Y los ciudadanos? Bueno nosotros tenemos lo que nos merecemos. Pagamos más, ganamos menos y creemos tener la potestad de elegir lo mejor ignorando intencionadamente que en ambos casos somos engañados y sin voluntad verdadera de dar oportunidades a otros partidos que habitan en el ostracismo de la ignorancia colectiva.

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