El Mosquitero

Un bloguer-camionero. Sin más…

Columnistas de periódico y tertulianos varios

De siempre se ha dicho que la mejor forma de afeitarse uno es pasando las cuchillas a favor de pelo. Esto es, para los no iniciados en el atrayente mundo del afeitado diario, hacerlo en la misma dirección de crecimiento del cabello mismo. Es decir en la dirección exacta hacia donde éste se acuesta sobre la piel.

Lo contrario, hacerlo a contra-pelo, sólo nos lleva a una irritación paulatina de la dermis que deriva irremisiblemente en heridas sangrantes cuya principal característica son el escozor y el marcado del individuo de cara al resto de ciudadanos que circulan por la acera con un cartel pegado en la frente que reza; ‘no sabe afeitarse y tiene ya los huevos peludos’.

Esta misma ley universal, ley que todo hombre y mujer que se depile a cuchilla conoce por experiencia, es transmutable también a columnistas y tertulianos varios. Tan solo la lectura y el detenimiento en la escucha de sus opiniones radiofónico-televisivas, nos dan fe de hasta qué punto esta ley universal, promulgada por aquel primer ser humano que decidió coger un trozo de sílex para afeitarse,  han acabado rigiendo los destinos de tan notables ‘periodistas’.

Si aquel pobre hombre de la edad de piedra su hubiese metido aquella roca por el culo, otro gallo cantaría en este mediocre mundo opinativo de mierda. Y es que casi como si fuese una maldición, los humanos sólo acertamos a aprender las partes equivocadas de las lecciones que las vida nos ofrece.

Tal vez por eso, y en si mismo ya es triste solo pensarlo, en lugar de mantenernos como cazadores-recolectores nos empeñamos en crear dinero y con ello alimentamos al monstruo que más tarde se convertiría en Standar & Poors.

Así que señores políticos, tertulianos y periodistas varios, aquí les presento a los culpables de la decadencia de la economía mundial y de sus oficios en particular; los inventores del dinero cuyas primeras monedas acuñadas fueron turcas en el S VII antes de Cristo, y el desgraciado al que en la edad de piedra le dio por pasarse una roca de sílex por la cara.

Ahora, si me permiten que se lo implore, ya pueden preocuparse de arreglar las cosas, porque los culpables que tanto ansían encontrar ya se los acabo de mostrar en esta humilde y desangelada  historieta. ¡Ánimo que ustedes pueden!

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