El Mosquitero

Un bloguer-camionero. Sin más…

Archivos diarios: 09/02/2009

Mi dentista y yo…

…una relación amor-odio de las millones que caracterizan a los seres humanos, al menos, lo que son parecidos a un servidor de ustedes.

dentista sexi ¿Tienen ustedes un dentista de cabecera?

Yo si. Desde siempre he ido a los dentistas a los que me llevó mi madre. Hasta que un día, mi santa madre, me llevó al que finalmente se convertiría en mi dentista de cabecera. Y no solo mío, también unos años después, el de la que ocupa el lugar de mi madre a la hora de regañarme y ponerme morritos para que haga lo que a ella le plazca, mi amada esposa.

Qué quieren que les diga. A mi me gusta tener mi propio dentista, de esos con los que pagas el trocito de cemento a precio de oro y que luego te piden una sonrisa para comprobar el perfecto estado de satisfacción que puedas, o debas, tener con su artesanal trabajo.

3013863dentista El caso es que hace ya once años entré en su consulta por primera vez.

Había pasado por muchos otros de mano de mi madre, pero la recomendación de ésta para con él, me hizo dar el paso definitivo para visitarlo…y que me soplara los primeros mil duros de los muchos que irían, con el pasar de los años, a engordar su insaciable bolsillo.

Ya saben, en aquel entonces yo era de esos chavales a los que aquello de los cepillos de dientes les daba exactamente igual. Se me hacía muy cuesta arriba eso de tener que lavarme la dentadura en cada comida, y era más partidario de ponerme un chicle en la boca, que de pasarme un par de minutos dándole que te pego al cepillo. Evidentemente eso era más cómodo. Eso sí, unos años después y tras visitar a este noble señor por primera vez, me quedó claro que aquello del chicle no iba a funcionar siempre, y era más, de momento ya había que quitarme una muela que no tenía reparación posible.

Os parecerá extraño, pero fue en la extracción de aquella muela cuando quedé prendado de su forma de ejercer su profesión.

En la vida he sufrido tanto dolor en la consulta de ningún médico. Parece que las raíces de la muela tenían forma de ‘U’ y eso hacía imposible que la extracción se efectuara por el método del tirón. A ello había que sumarle que la anestesia, tal vez por nerviosismo mío, tal vez porque tenía él miedo de pasarse con la dosis, no me llegaba a hacer el efecto para el que estaba destinada , por lo que con cada tirón servidor sufría lo indecible y él, ya casi asustado como yo, lo compartía conmigo en forma de losientos y disculpamés varios.

dentista-situacion Finalmente optó por la vía rápida. Como cuando se decide que hay que hacer que el sufrimiento de un animal enfermo acabe de una vez. Con el corazón en la mano, me dijo que era la primera vez que le pasaba algo así, algo obvio, ya que era jovencillo y estoy por creer que tendría la carrera recién acabada, y que había decidido descuartizar la jodida muela para poder sacarla a trocitos.

Así, tal cual os cuento. Algo ojiplático no os voy a negar que me quedé. Y tampoco os negaré, que en ese preciso momento, me juraba a mi mismo que nunca más en la vida volvería a pisar esa dichosa consulta.

Pero el caso es que del dicho al echo se fue un solo suspiro. Y en cinco minutos la muela estaba fuera, a mi aún no me había dado tiempo ni a volver a abrir la boca, y un trozo de algodón con desinfectante ya cortaba la pequeña hemorragia que me había provocado ese pequeño agujero que había quedado tras la extracción.

No os lo negaré, del primigenio odio que había suscitado en mi durante los primeros tres cuartos de hora de tiras y aflojas con mi desdichada muela, pasé casi sin darme cuenta a un amor incondicional que hasta el día de hoy me dura.

Hoy lo he vuelto a visitar porque un empaste se me ha roto.

Y el jodío dice ahora que es mejor hacer una funda, ya que la muela está demasiado debilitada y tiene miedo de que acabe partiéndose. ¡Será jodío el cabrón! claro que tienes miedo, y yo más que es a quien le cuesta los cuartos.

El caso es que he vuelto a odiarlo cuando me ha dicho no se qué de dos cientos veinte leuros…pero he recordado, que desde que pasamos por aquel trance la primera vez, nunca me he vuelto a enterar ni si quiera del pinchacito de la anestesia.

Por accidente encontré a uno de esos dentistas que solo se encuentran una vez y lo hice mío de por vida. Hasta para la parienta, que es tiquismiquis a más no poder, le apaña el jodío. Pero lo que más me gusta de él es que cuando llamo por teléfono a la consulta siempre me recibe con un…

Hombre Toni, cómo va el camión. Qué te ha pasado.

Todo eso sin que servidor haya abierto la boca. Y lo que es mejor y más me gusta de él, su increíble capacidad para hacer entendibles muchas de las cosas que atañen a nuestros dientes y su extremada paciencia para enseñarte cómo tienes que hacer las cosas para cuidar de la boca de la mejor forma posible.

dentista Hace once años que lo visité por primera vez, y gracias a él aprendí que lavarme los dientes todos los días no era una opción, sino una obligación. Que en tu dentista se puede confiar tanto como en tu médico de cabecera. Y sobre todo, que si además de conseguir un buen dentista, éste sabe reconocer a un buen cliente, la afinidad y la complicidad entre profesional y cliente serán perfectas.

Y para quien pueda decir que solo se es buen cliente si se paga religiosamente en cada consulta. Yo, y no me escondo, le he llegado a deber algunas más de las antiguas sesenta mil pesetas, y nunca me llamó ni para hacerme memoria. Él supo que se las pagaría y se las pagué, y tardé cuatro meses en hacerlo. Así que no se trata solo de dinero, se trata de confianza, y sobre todo de complicidades mutuas.

Con el más absoluto de los respetos, ganado a fuerza de buen hacer, y en reconocimiento a un profesional como la copa de un pino, mis felicitaciones para mi dentista, Don Alberto Navarro Palop.

De un cliente mucho más que satisfecho, y desde hoy, con doscientos y pico leuros menos en su cartera.

Pd:

Desde la primera consulta, y puede que inducido por el dolor que acababa de sufrir, servidor se ha limpiado, sin falta, todos los días la dentadura. Y eso es algo que os recomiendo a todos. Incluso a los que ya estéis mayores y creáis que vuestra única solución es solo la postiza. Limpiarse los dientes, además de haceros bien a vosotros, provocará que sirváis de ejemplo para muchos otros niños que puedan pulular por vuestras casas. Vosotros sois un ejemplo a seguir por ellos, ejerced como tales y las sonrisa de esos niños siempre será reluciente y blanca como la leche.