Y lo de Campista no viene por aquello de ir de Camping, sino por ser de la cuadrilla del Francisco Camps. Amigo donde los haya de sus amigos. Tan amigo de sus amigos, que es capaz de mantener un pulso suicida con su propio jefe por ellos. Amigos entre los que hay que contar al cesado Costa.
Yo no se donde acabará todo esto, pero sinceramente creo que el mejor aliado político hasta el presente momento de Rajoy, Francisco Camps, ha dejado de serlo solo por eso, por defender a sus amigos. Hay que recordar que el último congreso se celebró aquí en Valencia y en él Mariano se confirmó en el poder, venciendo con su apoyo, el de Camps, a la segunda mejor política del PP, Esperanza.
Yo personalmente siempre he tenido el corazón partido entre los dos.
Y es en dos y no en tres porque al Gallardón, el políticamente correcto, no lo aguanto. No aguanto su forma trepa de ascender en el partido. Sus mal disimuladas ganas de presidir el partido. Su descarada chulería y la ruina a la que está llevando a la ciudad de Madrid.
Y aguanto menos el ver cómo es capaz de engañar a tantos y tantos haciendo creer que es moderado, cuando la realidad es que es más de derechas que los tres anteriores juntos. No aguanto esas salidas de tono, más cercano a las del partido contrario que al suyo propio. Y aguanto muy de mala manera, sus “Hoy no es el día”. Como si los Españoles tuvieran tanto tiempo para abuchear al presidente. Como si el presi se paseara todos los días por la Castellana para escuchar la voz del pueblo. Si, ese pueblo que pagaba ya un euro con veinte por un café.
Se olvida Gallardón que antes los abucheos a Aznar eran la voz del pueblo, y que con su afirmación, esos mismos abucheos han pasado a ser la voz de los burros. Al menos para él y todo el sector Socialista.
Por ello me duele todo esto por lo que está pasando el PP Valenciano.
No hubo nada que me entristeciera más que ver a estos dos delfines del poder del partido, Camps y Esperanza, divididos entre los que creían que había que hacer un cambio y los que apostaban por el continuismo Marianista. Con Esperanza creo que hubiéramos dado un golpe de timón en la política Española. Creo, y de eso estoy seguro, que al haber mandado a una candidata, en vez de un candidato, hubiéramos ganado por la mano una pretensión que no está muy lejana en el tiempo por parte Socialista.
Pero no, se mantuvo Mariano y junto a él se alineó Francisco.
Y allí fueron los Zaplanistas, a tomar por culo. Parecía que todo iba viento en popa para Rajoy, pero la tormenta solo había dejado entrever lo que se le avecinaba. Y ahora el partido entero se ve inmerso en un vendaval que levanta sumarios, cintas grabadas y vergüenzas ajenas, que hacen que el voto cautivo, ese mismo voto del que tan orgullosos se sienten en Génova, se esté tambaleando porque sencillamente los subalternos se creyeron los Reyes del mambo y pensaron que estaban en un partido en el que se podía decir una cosa y la contraria al mismo tiempo.
Si, como han dicho esta mañana en el PP, ahora es la hora en la que todos deben saber qué papel tienen en el partido y asumirlo como se deben asumir los mismos, con resignación y lealtad máxima al líder, Mariano.
Pero es que yo, como ya habrán adivinado ustedes, no es que sea muy de Mariano.
Y desde lo que ha pasado esta semana, tampoco lo soy mucho de Francisco. Ya la única alegría que me queda es Esperanza, pero ella está muy lejos de aquí, exactamente a tres cientos cincuenta y siete kilómetros. Y más lejos aún lo está de ser la presidenta y candidata del PP, exactamente a un Gallardón y medio.
Y lo digo porque en caso de que se deba elegir un candidato, creo seguro que Marianistas y Campistas optarán por el delfín del Imperio Marianista, castigado a Alcalde de Madrid para preservarlo de las acometidas Socialistas, y lucharán con uñas y dientes contra la impostora que osó poner en duda el liderazgo de Rajoy y meterlo en un brete justo antes del mentado anteriormente Congreso del Partido en Valencia.
Vienen tiempos convulsos en el PP y ahora ya no hay nada claro.
Lo único claro es que ya no es necesario haber cometido un delito para ser cesado en el cargo. Basta con que la imagen del que se asoma al precipicio no sea todo lo buena que quepa desear. Ahora un vocabulario soez, unas amistades peligrosas y un juez del partido contrario, son suficientes para acabar con la vida política de cualquiera.
Pongan sus barbas a remojar señores, la hora en la que los dimes y diretes cuentan más que la veracidad o no de los mismos ha llegado. La era de los pañales y las vendas preventivas llevará, a todo el espectro político de este país, a una espiral sin precedentes de ceses, que no harán más que imponer por decreto la ley de los cuchicheos por encima de aquella que debe regir todo imperio de la Ley que se precie:
Todo el mundo es inocente mientras no se demuestre lo contrario.
Esta semana el PP se ha saltado a la torera esta ley y en este tren no hay marcha atrás posible. De ahora en adelante, ante la más mínima duda, el polizón deberá ser echado al mar, aunque éste lleve gorra de Capitán. Aunque no se sepa si quiera si lo es o no. Los dimes y diretes establecerán las reglas del juego.
Al menos eso es lo que ya tenemos en la prensa. Al menos eso ya lo tenemos en el PP.
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